Soy mi propio verdugo. Solo veo un horizonte difuso, discontinuo que ni siquiera sé si es real. Mis heridas no han dejado de sangrar, pero ya no duelen, mis músculos no responden, es como si alguien me hubiese arrebato el sistema nervioso y todo mi cuerpo se háyase en desconexión. Es muy extraña esta sensación, el no saber si es de día o de noche, si tengo frío o calor, el no saber si han pasado los días, los meses, las estaciones, años, cuanto tiempo llevo aquí? Ya no siento ni mi propio aliento, aun sigo vivo?
Todos esperan mi fin, pero no me preocupa, se que de alguna manera es lo mejor que puede pasarme en estos momentos, llevo tantos años así… Será un pesadilla interminable este sufrimiento infinito?

Por no luchar en su día, me encuentro atrapado en mi propio interior. La soberbia y la dejadez han convertido mis huesos, inertes en mi propia jaula, y ahora hacen que decenas de voces y rostros solo sean sonidos susurrantes e imágenes difusas y completamente desconocidas. ¿Qué hace toda esta gente aquí? ¿Dónde estoy? Es esto real, no conozco otra realidad, o ¿quizás mis recuerdos ahora son mi única vida? Esos recuerdos desaparecen poco a poco, apenas recuerdo ya nada, ¿significa que estoy muriendo?
Me sumo en un purgatorio de almas inexistentes. Perdí la poco libertad que tenía.
Solo oigo susurros, mis gritos ahora son mudos y mis movimientos estáticos, ya no podré alcanzar la frontera. Mi frontera del suplicio.




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