Reproducir durante la lectura.
Capitán sin ejercito naufragado entre mil mares de cieno, ladra graznidos al viento y sus mandíbulas sufren la ausencia de oídos, poco queda ya de lo que algún día fué, de lo que nunca tuvo, ahora la miseria y la soledad le rodean y no pasan ni un solo minuto en taladrar su interior.En el viejo faro donde sus huesos han terminado, la austeridad es su compañera, apenas una cama destartalada cubierta de harapos y una vieja mesa que cojea de una pata camuflan el triste vacío. Sobre la mesa, algo de comida y un recipiente de madera con agua, trozos de papel sobre los que han caído cientos de frases alimentadas por sus paranoias y escritas con sangre, y una brillante figura de mármol, de unos diecisiete centímetros que se asemeja a la forma del faro.
El capitán ya no puede apenas mantenerse en pie, desde hace mucho ya ni siquiera se levanta de su camastro. Sus últimas fuerzas las gasta en levantar la mirada para mirar por la ventana como la felicidad invade por épocas a las criaturas de la isla.
Mucho tiempo ha pasado, las puertas del faro ya no se abren y la inanición revolotea sobre su cuerpo.
Un día, por su ventana una figura le llama la atención, es una criatura ya conocida por él. En ese momento, casi como un milagro, el capitán levanta la cabeza, sonríe, no lo puede creer, la felicidad le inunda y rebosa actividad, una actividad que casi le lleva a terminar exhausto. Al fin tiene lo que cree que merece, todo aquello que, de no haber estado atrapado en aquella maldita isla, hubiese tenido.
Pero de pronto algo ocurre, algo no va bien, intenta moverse y no puede, intenta romper el cristal que le separa de aquella criatura con todas sus fuerzas pero…no..no puede por mas fuerzas que gaste. Algo inesplicablemente fuerte le excita y quiere correr hacia ella, abrazarla, agarrarse ella como si fuera la última cuerda, el único camino hacia su salvación. La desesperación le trae un momento de lucidez, se da cuenta de lo que realmente pasa.
Sus escasas fuerzas y su agónica muerte le están haciendo delirar, soñar aun estando despierto. Vive feliz en su sueño, pero siempre algo le termina por despertar, incluso esa misma criatura real e imaginaria a la vez.
Ese día la criatura, alimentó el único pensamiento que recorría su mente, quería gritarle con todas sus fuerzas, pero como siempre sus palabras eran recogidas por las paredes, ahogadas en silencio. Aun así, él no desistía y gritaba mas fuerte en su interior: “Ya se que otros tuvieron, que otros muchos tendrán entre sus manos aquello con lo que yo apenas puedo soñar. Pero eso no puede evitar que mis músculos malgasten sus pocas energías para retorcerme por dentro si me lo recuerdas en lo más alto del sueño, en pleno zenit. Me bajas de la nube a patadas, inconscientemente, me obligas a despertar de la ilusión que tanto me cuesta mantener. Mientras intento inventar cada mirada, cada gesto, y ese saco de sensaciones que sé que no viviré jamás.”
El capitán, notó la misma sensación que sentía cada mañana al despertar y no encontrar junto a él, nada más que la nada. Pero siempre estará agradecido a esa criatura, por hacer que siga en pie, por desear cada día algo, aunque solamente sea mientras espera a volverse a dormir para recoger de nuevo los frutos de su invención y soñar con ellos para siempre.
Un día, por su ventana una figura le llama la atención, es una criatura ya conocida por él. En ese momento, casi como un milagro, el capitán levanta la cabeza, sonríe, no lo puede creer, la felicidad le inunda y rebosa actividad, una actividad que casi le lleva a terminar exhausto. Al fin tiene lo que cree que merece, todo aquello que, de no haber estado atrapado en aquella maldita isla, hubiese tenido.
Pero de pronto algo ocurre, algo no va bien, intenta moverse y no puede, intenta romper el cristal que le separa de aquella criatura con todas sus fuerzas pero…no..no puede por mas fuerzas que gaste. Algo inesplicablemente fuerte le excita y quiere correr hacia ella, abrazarla, agarrarse ella como si fuera la última cuerda, el único camino hacia su salvación. La desesperación le trae un momento de lucidez, se da cuenta de lo que realmente pasa.
Sus escasas fuerzas y su agónica muerte le están haciendo delirar, soñar aun estando despierto. Vive feliz en su sueño, pero siempre algo le termina por despertar, incluso esa misma criatura real e imaginaria a la vez.
Ese día la criatura, alimentó el único pensamiento que recorría su mente, quería gritarle con todas sus fuerzas, pero como siempre sus palabras eran recogidas por las paredes, ahogadas en silencio. Aun así, él no desistía y gritaba mas fuerte en su interior: “Ya se que otros tuvieron, que otros muchos tendrán entre sus manos aquello con lo que yo apenas puedo soñar. Pero eso no puede evitar que mis músculos malgasten sus pocas energías para retorcerme por dentro si me lo recuerdas en lo más alto del sueño, en pleno zenit. Me bajas de la nube a patadas, inconscientemente, me obligas a despertar de la ilusión que tanto me cuesta mantener. Mientras intento inventar cada mirada, cada gesto, y ese saco de sensaciones que sé que no viviré jamás.”
El capitán, notó la misma sensación que sentía cada mañana al despertar y no encontrar junto a él, nada más que la nada. Pero siempre estará agradecido a esa criatura, por hacer que siga en pie, por desear cada día algo, aunque solamente sea mientras espera a volverse a dormir para recoger de nuevo los frutos de su invención y soñar con ellos para siempre.




No hay comentarios:
Publicar un comentario