lunes, 16 de agosto de 2010

Atardece.

Desde este oscuro atardecer narro la historia de mis pensamientos mientras invento lo que voy a hacer para salir de aquí y veo como delante de mí, todos los colores se apagan. El sol cae sobre un agrio paisaje cubierto de pasto, una imagen casi estática, sin más movimiento que el impreciso y amorfo vuelo de los murciélagos que viven en las grietas de esta muralla sobre la que estoy.

Desde esta altura, escarbo con la mirada bajo el suelo, buscando alas que me puedan llevar lejos de aquí, o que simplemente arranquen este dolor y lo entierren junto a ellas de nuevo.

La composición se rompe cuando mi vieja gata huesuda se acerca y me mira mientras la acaricio, no huye como de costumbre, supongo que la pena une, como a las personas, la empatía vuelve simpática a la persona más amoral.

El edificio en el que pasé muchas penosas horas oculta ya al sol, los colores empiezan a apagarse como cada día. La noche es larga y no hay mucho que hacer, mi almohada parece estar cubierta de cristales, que me hacen sangrar y me impiden dormir, mientras me invitan a devorar crudas frases de dolor escritas en el techo. Creo que en este momento, empiezo a ser consciente de que ya no volverás.

En mis pocas horas de sueño, todas las rosas que me rodeaban se empiezan a marchitar mientras sus secas espinas, se me clavan y me impiden caminar. Y pronto, un nuevo amanecer, en el que tristes melodías de piano me acompañarán mientras me disfrazo de sonrisa de nuevo.

Solo pedía 2 días, poder ser feliz durante horas y que la saliva de mi sonrisa oxidara los pendientes de mis orejas y ni eso pude conseguir…

Al final mi Demiurgo va a tener razón, y la inutilidad es la guía de mi vida.


1 comentario:

Darknesstar dijo...

y decías que lo de escribir no es lo tuyo... esto es jodidamente precioso! aunque eso no quita que te vaya a obligar a que tu próxima entrada sea diferente ;)