Su reflejo sufre, su reflejo llora y se estremece de dolor, el espantapájaros se siente impotente al ver que no puede hacer mucho por ayudar, porque no puede romper el cristal que les separa, pero aun así lo intenta, pero sabe que de algún modo no es necesario.
Para ello suelta un poco de su putrefacta paja para robar sonrisas y dejarlas sobre la cara del reflejo, comunicándose con sus dedos, porque sabe que merece la pena, porque no puede ver como se rinde, porque sabe que en el interior de esa figura hay mucho por descubrir, hay mucho que merece la pena, y sabe que tarde o temprano saldrá a la luz. El espantapájaros desea que cuando eso ocurra, el se siga viendo reflejado en ese espejo, porque eso supondría que él también será feliz, por eso no puede permitir que sus lagrimas pudran su interior e intenta secar esas lagrimas.
El dolor físico se lo lleva el viento, el dolor interior solo se calma con momentos de felicidad hasta ahora ausentes en la vida de ambos. Y aunque el cristal nunca desaparezca, siempre estarán unidos por el sufrimiento y quizás algún día por risas y sonrisas en sus respectivas vidas, cada uno a su lado del cristal, cada uno consiguiendo la vida que se merece.




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:)
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